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Sofía: Cosmopolita y milenaria

  • hace 3 días
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Actualizado: hace 10 horas

Cuenta la tradición que el emperador Constantino el Grande, cuando dudaba entre Roma y Bizancio para escoger capital del Imperio, se refería a Sérdica, actual Sofía (София en búlgaro), como mi Roma. La frase es a la vez atribuida y discutida, pero muestra que Sofía hace mil setescientos años era una ciudad importante, en el mapa, tanto para ser considerada como posible capital del mundo conocido.


La Sofía actual no impresiona como Praga, ni Viena, no tiene un centro histórico fotogénico, no hay un gran río que la cruce, ni una plaza monumental. Su belleza es diferente, y viene de su historia. En eso se parece a Berlin, que es pobre pero sexy, según dijo Klaus Wowereit. Aprender su historia es descubrir la belleza en sus detalles. El mejor ejemplo para mi es que en menos de un kilómetro cuadrado conviven una rotonda romana del siglo IV, una iglesia paleocristiana del siglo VI, una mezquita otomana del siglo XVI, baños de agua mineral de inicios del siglo XX, y un conjunto comunista estalinsta de los años cincuenta. Es el barrio al que siempre vuelvo cuando paso por la ciudad, muy cercano al lugar donde viví por unos meses.


Sofía es una ciudad milenaria, de grandes contrastes arquitectónicos, y de espíritu cosmopolita. La ciudad tiene un nivel de actividades culturales muy alto y no tiene nada que envidiar a otras capitales europeas; uno se siente en una ciudad vibrante y en crecimiento. Del tiempo que viví allá guardo una mezcla de emociones encontradas.


En la ciudad se organizan tantas actividades culturales que sorprende al extranjero, y seguramente pasen desapercibidas al turistas que va de paso, camino al Mar Negro. El apoyo a las actividades culturales es algo que valoro mucho en Bulgaria. Siempre hay algo enriquecedor y accesible para todos. Conocerlas cambia mucho la percepción de la ciudad. Las actividades son muy accesibles económicamente por la gran subvención que gozan. Con las montañas de fondo, hacer excursiones y organizar actividades en la naturaleza es parte del estilo de vida de los locales. Los puntos más flojos son la contaminación del aire, sobretodo en invierno, y el riesgo a ser estafado con un tacómetro de taxi alterado. Lamentablemente, estas últimas son experiencias fáciles de encontrar, y pueden dar una visión incorrecta de la ciudad.



Sofía romana. Sérdica, la ciudad de Constantino


La historia de Sofía tiene más de siete mil de años, con los primeros asentamientos de humanos datando de la Edad del Bronce. Sin embargo, fue en el siglo VIII a.C. cuando los tracios fundaron un asentamiento conocido como Sérdica (Сердика en búlgaro). Esta antigua ciudad se convirtió en un importante centro para la tribu tracia de los Serdi. La ubicación tiene aguas minerales termales, cerca a las montañas, y está en el cruce de caminos que unen Europa con Asia Menos, el Medio Oriente, y que llegan hasta el Mar Egeo y el Mar Báltico.


De los Serdi queda muy poco, y realmente la primera capa histórica sobre la que se puede caminar hoy en día corresponde a Roma. Con la expansión del Imperio Romano, Sérdica fue conquistada poco después del 29 a.C. y se transformó en un floreciente centro administrativo de la provincia de Mesia. Bajo el dominio romano, la ciudad prosperó, con la construcción de baños termales, teatros y edificios públicos, y se convirtió en un nudo comercial y cultural crucial en la Vía Militaris, la principal ruta terrestre que conectaba Europa Central con Bizancio.


La ciudad fue declarada municipium en el año 105 d.C. bajo Trajano y durante el siglo IV alcanzó su esplendor, tanto que Constantino el Grande mandó construir una de sus residencias en la ciudad. Sérdica fue capital de la provincia Dacia Mediterránea y escenario histórico. El final de las persecuciones a los cristianos fue decidido aquí: el Edicto de Sérdica, también conocido como el Edicto de Toleración de Galerio en el año 311 d.C. Aunque la plena libertad religiosa y el derecho a propiedades llegaría después, con el Edicto de Milán. En la ciudad se reunieron los obispos cristianos en el Concilio de Sérdica, una de las primeras grandes asambleas de los cristianos tras el Concilio de Nicea.


Actualmente se ve la importancia de Roma en dos sitios. El primero es difícil de encontrar, la Rotonda de San Jorge (Свети Георги, Sveti Georgi en búlgaro), el edificio más antiguo conservado de Sofía. Ladrillo rojo, planta circular, cúpula. Construida a comienzos del siglo IV, escondida hoy en el patio interior del Palacio Presidencial, entre dos hoteles. Empezó como templo pagano, fue baptisterio cuando el cristianismo ganó terreno, iglesia bizantina con frescos del siglo X, mezquita durante los otomanos y volvió a ser iglesia ortodoxa después de 1878. Cinco vidas en un solo edificio. Un ejemplo en pequeño y bello caos histórico de Sofía. Bajo el suelo se ven restos de las termas romanas que la rodeaban.


El segundo sitio es el complejo arqueológico Sofia Largo, y al contrario que el anterior, es muy fácil de encontrar y produce una extraña sensación ver a los locales caminar a través del sitio para ir al trabajo, de compras, o a casa. Descubierto entre 2010 y 2012 durante las obras del metro (estación Sérdica) y abierto al público en 2016. Bajo el cristal de la Plaza de la Independencia se ve un tramo del decumanus maximus, varias domus y los restos de una residencia que probablemente perteneció a un alto cargo. Es el tipo de hallazgo que sólo ocurre en ciudades realmente milenarias: cavas para hacer una línea de metro y descubres una calle imperial. Lo había visto en Atenas, Grecia y Cusco, Perú. Cuestiones de marketing, un aspecto donde los búlgaros pueden mejorar. Plovdiv es similar, pero a gran escala.


Sofía Bizantina. Sredetz y la Edad Media


El descenso de Roma, y los ataques de Atila y los Hunos cambiarían el balance de poder en el siglo V. Una hipótesis situa ese como el primer contacto con los protobúlgaros. Pero su llegada a la región es otra historia que contaré luego.


Cuando Roma se partió, Sérdica pasó a formar parte de Bizancio. En el siglo VI, el emperador Justiniano I (el mismo de la Hagia Sofía de Constantinopla) mandó construir aquí otra Hagia Sofía mucho más modesta. La iglesia de Santa Sofía (Света София, Sveta Sofia) que da nombre a la ciudad. Está a pocos pasos de la catedral Alexander Nevski, casi escondida entre árboles, y se levanta sobre el solar de dos iglesias anteriores del siglo IV destruidas por los hunos, sobre un teatro romano y sobre una necrópolis. Cuatro estratos arqueológicos en quince metros de profundidad.


El nombre de la ciudad fue cambiando a lo largo de los siglos. Los eslavos del siglo IX la llamaban Sredetz (centro, por su posición en los Balcanes). Mucho antes, la ciudad fue conocida como Triaditsa (Триадица en griego). En el museo de historia de Salónica o Tesaloniki (Тесалоники en griego) se ven referencias a Triaditsa. El nombre actual, Sofía, se adoptó en el siglo XIV, derivado de la imponente Iglesia de Santa Sofía, que significa "Sabiduría Divina" en griego. Si te interesa, aquí puedes ver cómo es el idioma búlgaro.


De esta etapa también sobrevive la iglesia de Santa Petka de los Talabarteros (Света Петка Самарджийска, Sveta Petka Samardzhiyska en búlgaro), del siglo XI o XIV según las fuentes que he visto. La iglesia está enterrada parcialmente bajo el nivel actual de la calle, junto a la estación de metro Serdika. La razón de que esté hundida es la siguiente capa de historia que enriquece la ciudad. La estación de metro Serdika es el punto de inicio que recomiendo para cualquier explorar la ciudad por su cercanía grandes monumentos históricos, el centro, y el boulevard Vitosha.


Sofía otomana. El imperio Otomano


En 1382, los otomanos conquistaron Sofía, una referencia estratégica en la región. La ciudad pasaría casi quinientos años bajo dominio turco, hasta la liberación de 1878. Si uno cuenta el tiempo, es un periodo larguísimo, mayor que toda la historia de Estados Unidos, y sin embargo, hoy lo otomano apenas se ve. Hay una razón política y otra material.


A pesar de las dificultades, la ciudad conservó su carácter multiétnico y religioso. La liberación de Bulgaria del yugo otomano en 1878 marcó un punto de inflexión. Sofía fue designada capital del recién establecido Principado de Bulgaria, lo que impulsó un rápido desarrollo y modernización, con la elaboración de planes urbanísticos y la construcción de infraestructuras que la transformaron en la metrópolis que es hoy.


Tras la liberación, la nueva Bulgaria independiente quiso borrar las marcas otomanas como parte del proceso de construcción nacional. Se demolieron mezquitas, se restauraron iglesias devolviéndoles su aspecto original. Un terremoto en 1858 derribó diecinueve de los veinticuatro minaretes de la ciudad. El viajero otomano Evliya Çelebi había contado cincuenta y tres mezquitas en el siglo XVII; al final del dominio quedaban entre cincuenta y ochenta. Hoy queda una sola en activo.



Esa única superviviente es la mezquita Banya Bashi (Баня баши, muchos baños en búlgaro), terminada entre 1566 y 1576 según las fuentes. Se atribuye tradicionalmente a Mimar Sinan, el arquitecto imperial otomano más importante de su época, autor también de la espectacular Selimiye de Edirne, no muy lejos de la frontera con Bulgaria, aunque la atribución no es definitiva. El nombre Banya Bashi viene de los manantiales termales que la rodean; la mezquita está al lado están los Baños Centrales de Sofía, hoy reconvertidos en museo de la ciudad. La cúpula de quince metros de diámetro y el minarete único hacen de Banya Bashi una pieza arquitectónica notable, pero su valor real es lo que representa: el último testigo en pie de medio milenio de Sofía otomana.


Si caminas alrededor de la mezquita, en una sola plaza encuentras también la Catedral Sveta Nedelya (ortodoxa búlgara), la catedral católica San José, la sinagoga sefardí de Sofía, una de las más grandes de Europa, y la propia mezquita. Es lo que algunas guías llaman el "perímetro de la tolerancia": cuatro religiones en doscientos metros. Pocos sitios de Europa tienen algo así, y menos aún en una ciudad que hace ciento cincuenta años era una capital provincial otomana. Saber la historia de Sofía te hacer verla más hermosa.



Sofía capital. La liberación y el principado


Tras la guerra ruso-turca, en 1878 Bulgaria recuperó la independencia. Sofía fue proclamada capital del nuevo principado en 1879 con apenas doce mil habitantes según entiendo, el tamaño de una pequeña ciudad. La transformación que vivió la ciudad en las décadas siguientes fue radical. Hay mucha historia mezclada en esa época para este post, pero baste de ejemplo decir que se eligió como príncipe a un alemán. El príncipe Alejandro de Battenberg trajo arquitectos del Imperio austrohúngaro, y Sofía se rediseñó como capital europea moderna, con bulevares, palacios y edificios públicos en estilos neobarroco, Secesión y neobizantino.



Tres ejemplos. La Catedral de Alexander Nevski (1904-1912), la imagen postal de Sofía, y una de las catedrales ortodoxas más grandes del mundo, construida en agradecimiento a los rusos caídos en la guerra de liberación. Si, a los rusos, y la relación de ambos países da espacio para otro post. Los Baños Centrales de 1906, edificados sobre los antiguos baños turcos en estilo Secesión con elementos bizantinos y búlgaros. Y el Teatro Nacional Iván Vázov, con un estilo neoclásico vienés. Todos estos edificios miran hacia Europa occidental, ya no hacia Constantinopla. Esta etapa de la historia marca un giro identitario importante: la nueva Bulgaria quiso pertenecer al concierto de las capitales europeas, no al mundo balcánico-otomano del que acababa de salir.



Sofía comunista. La geometría del poder


En 1944 entraron los soviéticos y con ellos el comunismo. Bulgaria pasó a ser un estado comunista alineado con Moscú durante cuarenta y cinco años más o menos. La Sofía actual le debe a este periodo más de lo que parece: los grandes bloques de viviendas de los barrios periféricos, las anchas avenidas, el metro original. Pero la pieza emblemática del comunismo en el centro de la ciudad es el Largo (Ларго en búlgaro).



El Largo es un conjunto arquitectónico de tres edificios diseñados y construidos en los años cincuenta como nuevo centro representativo de Sofía. En el medio, la antigua Casa del Partido, la sede del Partido Comunista Búlgaro, hoy oficinas administrativas de la Asamblea Nacional. A los lados, dos edificios casi gemelos: uno aloja TZUM, los grandes almacenes históricos, y el Consejo de Ministros; el otro, la Oficina del Presidente y el Hotel Sofia Balkan. Es uno de los mejores ejemplos de arquitectura estalinista del sudeste de Europa. Compite en magnificencia con el Largo de Bucarest y la Karl-Marx-Allee de Berlín.


Lo curioso del Largo de Sofía es que se construyó encima de Serdica romana sin saberlo, por eso vez que algunas zonas están bajo tierra. En el centro de la plaza, hoy hay un cristal en el suelo que permite ver las ruinas tracias y romanas que estaban debajo durante todo el periodo comunista. Encima del cristal pasaban los desfiles del 1 de mayo. Debajo, una calle imperial del siglo IV. La metáfora se escribe sola, otro signo de belleza en la historia.


Aunque no lo he visto ni tengo fuentes, me dicen que en el techo de la antigua Casa del Partido había una enorme estrella roja iluminada. Tras la caída del régimen en 1989, se decidió retirarla por razones obvias. La operación se hizo con un helicóptero en 1990 ante una multitud que aplaudía. La estrella se reemplazó por la bandera búlgara. Es el único hito tangible que conozco en Sofía donde el cambio de régimen tiene una imagen exacta y yo no tengo un link, un vídeo para compartir aquí.



Conversar con los mayores sobre la época comunista suele causar una mezcla de regocijo y recogimiento. Muchas cosas han mejorado, pero se añora una sensación de orden y control. El mundo actual es un caos que empuja en muchas direcciones. El mundo en que vivieron era más tranquilo y rígido. Había mucha carestía de productos, pero una mayor sensación de comunidad. Al menos en el pueblo, en nuestra región del sureste de Haskovo.


Sofía contemporánea. La república


Por encima de todas las anteriores está la Sofía de hoy. Una ciudad de un millón doscientos mil habitantes, con un sector tecnológico que crece año tras año, un anillo de centros comerciales nuevos, un metro que se expande, y un aeropuerto con conexiones directas a casi toda Europa. Una ciudad con una conexión a internet impresionante. La generación joven habla inglés con soltura, no son pocos los que hablan algo en español, y siempre se sorprenden si respondo en búlgaro. Como con los hispanohablantes, da igual si uno hable bien o mal, mucho o poco, si lo intenta ya es bienvenido. Mucha gente joven y bien educada trabaja para empresas internacionales y se mueve entre Sofía y alguna de las capitales de Europa occidental como si nada.



Cuando vivía en Sofía, trabajaba en Múnich. En cada trayecto de Múnich-Sofía, y viceversa, me encontraba con jóvenes emprendedores alemanes que tenían una startup tecnológica o parte de su equipo en Sofía. Otros eran trabajadores de algunas de las empresas alemanas que tienen su producción o parte de sus equipos en la capital búlgara. Es el fenómeno del nearshoring. Una parte de nuestra reubicación familiar cuenta con que este fenómeno seguirá presente hasta que se nivelen los salarios con el resto de Europa.


En conclusión


Hay una manera de ver Sofía en una sola caminata de noventa minutos: empezar en el Largo (capa comunista), bajar al cristal (capa romana), entrar en Sveta Petka enterrada (medieval), salir a la plaza Sveta Nedelya (otomana cercana, perímetro de la tolerancia), tomar la calle Aleksandrovska hacia Banya Bashi (otomana), girar hacia los Baños Centrales (Secesión 1906) y terminar en la catedral Alexander Nevski (neobizantino post-liberación). Siete capas en hora y media. Pocas ciudades de Europa permiten algo así. Cuando viajo, suelo usar alguno de los free walking tours como punto de partida antes de profundizar en un lugar o evento. Hay varias plataformas, y diferentes enfoques en cada paseo (historia, cultura, comida, etc.). Todo depende del guía y su experencia, atento a los comentarios.


No muy lejos de la ciudad se encuentra el Monasterio de Rila, el lugar más sagrado para los búlgaros, que se puede visitar de manera conjunta con la capital.



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